Vamos todos muy deprisa. Dedicar unos minutos a leer un artículo sin hacer nada más que eso se ha convertido en un auténtico lujo. Siéntete un privilegiado por haber llegado hasta aquí.

Permítete invertir unos minutos de tu tiempo en leer este artículo que seguramente ha llegado a tus manos de manera azarosa y quizás te haga reflexionar o, al menos, eso esperamos.

En nuestro Centro de Psicología en Murcia recibimos a muchas personas con un nivel de malestar tan alto que le impide disfrutar de su vida, con muchos miedos, con ansiedad, estrés o sentimientos profundos de tristeza. Y, muchas de estas personas tienen algo en común: “la prisa por hacer cosas les hace olvidarse de sí mismos”.

¿Por qué tenemos tanta prisa?

Tenemos mucha prisa. Parece que cuanto más hacemos más valemos, ¡qué gran error!

La vida se ha convertido en una continua competición entre nosotros como si de un concurso se tratara en el que gana quien más tareas complete en el menor tiempo posible, ¡esto es agotador!

Para poder con todo nos desconectamos de nosotros mismos, encendemos el piloto automático y funcionamos como meros autómatas que van respondiendo inmediatamente a los estímulos con los que se van encontrando en su entorno sin reflexionar sobre lo que hacemos ni para qué lo hacemos.

Creemos que ganamos tiempo si lo hacemos todo deprisa pero la realidad es que lo perdemos, se nos escapa entre las manos con si fuera arena de playa. Terminamos perdiendo mucho tiempo en cosas que carecen de sentido. Mientras corremos de un lado hacia otro se nos escapa la vida.

Creemos ser libres pero realmente somos esclavos de la prisa. No tenemos tiempo para estar con nosotros mismos, para observarnos, escucharnos o disfrutar de no hacer nada más conectar con nuestro yo. Pero, ¿realmente no tenemos tiempo o es que huimos de nosotros mismos?

Hacemos muchas cosas, somos muy productivos, no paramos ni un solo segundo, pero… ¿esto nos hace ser más felices? ¿por qué lo hacemos? ¿por qué no nos permitimos estar en pausa sin sentirnos ansiosos?

La respuesta es clara: estamos huyendo de nosotros mismos. Nos da miedo estar solos. Esto implica tener que observar lo que pasa dentro de nosotros. Y, nos aterra darnos cuenta de nuestros pensamientos, sentimientos o sensaciones por eso evitamos quedarnos solos con todo aquello que pasa por nuestra cabeza y nuestro cuerpo.

Es más fácil anestesiarnos emocionalmente ocupándonos de cosas o tareas que no tienen demasiada importancia, no nos acercan a nuestra mejor versión y realmente no nos van a ayudar a mejorar nuestra calidad de vida. A corto plazo, esto es lo más cómodo pero nos conduce a la nada.

¿Por qué huimos de nosotros mismos?

Tenemos miedo a conectar con nosotros mismos. Nos refugiamos en las tareas, nos aliamos con la prisa para no pensar, para no sentir, para no ser. No nos queda tiempo para disfrutar de lo realmente esencial. Y, como se señala en el libro de “El Principito”: lo esencial es invisible a los ojos.

Queremos ir más rápidos que la propia vida. Nos anticipamos y no dejamos que las cosas vayan pasando. Necesitamos bajar el ritmo para poder vivir, para poder ser. Como dice Nietzsche, “tenemos que dejar que las cosas se nos acerquen”. Es ahí donde encontraremos el sentido de nuestra vida.

Nos hace falta ver las cosas que nos suceden desde la calma y la paciencia. Para ver con claridad necesitamos vivir de manera más sosegada. Cuando reflexionamos y vemos lo que nos sucede desde la calma nos damos cuenta de que todo está bien y que nada es tan terrible.

La falta de calma nos empuja a la irracionalidad y a las malas decisiones. Tenemos que aprender a estar con nosotros mismos sin miedo a lo que nos podemos encontrar.

Nuestros pensamientos, nuestros sentimientos o nuestras sensaciones no son una amenaza, nada nos pueden hacer, son totalmente inofensivos. Vienen…y se van. Tan solo tenemos que observar, ver si podemos obtener algo útil de aquello que pasa dentro de nosotros y soltar, dejarlo ir.

Tenemos que cuidar nuestro “yo”, reconciliarnos con él y aprender a disfrutar de nuestra compañía sin necesitar nada más que eso.

Esto es una tarea difícil. Desaprender muchos hábitos que habíamos aprendido hasta ahora y asumir la difícil tarea de aprender a vivir desde la calma dejando a un lado la prisa es algo complicado de hacer pero los beneficios a medio y largo plazo que podemos obtener merecen el esfuerzo de tener que luchar contra la manera con la que hemos funcionado hasta ahora.

Si has intentado por ti mismo aprender a cambiar tu manera de funcionar en tu día a día y no has obtenido los resultados que esperabas, quizás puedas lograrlo con la ayuda de un profesional. Si estás buscando un psicólogo en Murcia, te animamos a ponerte en contacto con nosotros para que podamos ayudarte.

Y, por supuesto, te invitamos a enriquecer este Blog de Psicología con tus comentarios. Nos encantaría conocer tus reflexiones y estamos seguros de que tus palabras pueden ser de gran ayuda para otras personas. ¡Anímate a compartir tus experiencias o reflexiones con nosotros!