Ya lo dijo Nietzche: «Que la prisa por hacer…no nos impida ser».

Entrada de Blog sobre la importancia de ir sin prisa para tener calidad de vida
¿Qué encontrarás en esta entrada?

«Aquel que lucha con monstruos debe tener cuidado de no convertirse él mismo en un monstruo. Y si miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.» Nietzsche.

¿Desconectas para poder conectar?

En un mundo en constante movimiento, donde la prisa se ha convertido en un acompañante constante, se ha vuelto un lujo dedicar unos momentos a la introspección y la reflexión. Has llegado a este artículo, un oasis de calma en medio del ajetreo, donde exploraremos cómo la prisa no solo nos arrastra lejos de nosotros mismos, sino que también ejerce un profundo impacto en nuestra salud mental.

Desde la ansiedad hasta el agotamiento, la prisa puede tejer una red de desafíos que afectan nuestra relación con el mundo y con nosotros mismos. Acompáñanos en este viaje mientras exploramos cómo cultivar la pausa y la autoconciencia puede brindarnos un camino hacia una vida más plena y significativa.

Si sientes que el ritmo vertiginoso de la vida moderna te ha llevado a desconectarte de tus propias necesidades y deseas recuperar un sentido de tranquilidad y autenticidad, estás en el lugar adecuado.

Vamos todos muy deprisa. Dedicar unos minutos a leer un artículo sin hacer nada más que eso, se ha convertido en un auténtico lujo. Siéntete un privilegiado/a por haber llegado hasta aquí. Permítete invertir unos minutos de tu tiempo en leer este artículo de psicología que seguramente ha llegado a tus manos de manera azarosa y quizás te haga reflexionar o, al menos, eso esperamos.

En nuestro Centro de Psicología en Murcia recibimos a muchas personas con un nivel de malestar tan alto que le impide disfrutar de su vida, con muchos miedos, con ansiedad, estrés o sentimientos profundos de tristeza. Y, muchas de estas personas tienen algo en común: “la prisa por hacer cosas les hace olvidarse de sí mismos”.

¿Por qué tenemos tanta prisa?

Tenemos mucha prisa. Parece que cuanto más hacemos más valemos, ¡qué gran error!

La vida se ha convertido en una continua competición entre nosotros como si de un concurso se tratara en el que gana quien más tareas complete en el menor tiempo posible, ¡esto es agotador!

Para poder con todo nos desconectamos de nosotros mismos, encendemos el piloto automático y funcionamos como meros autómatas que van respondiendo inmediatamente a los estímulos con los que se van encontrando en su entorno sin reflexionar sobre lo que hacemos ni para qué lo hacemos.

Creemos que ganamos tiempo si lo hacemos todo deprisa pero la realidad es que lo perdemos, se nos escapa entre las manos con si fuera arena de playa. Terminamos perdiendo mucho tiempo en tareas que carecen de sentido. Mientras corremos de un lado hacia otro, se nos escapa la vida.

Creemos ser libres pero realmente somos esclavos de la prisa. No tenemos tiempo para estar con nosotros mismos, para observarnos, escucharnos o disfrutar de no hacer nada más conectar con nuestro yo. Pero, ¿realmente no tenemos tiempo o es que huimos de nosotros mismos?

Hacemos muchas cosas, somos muy productivos, no paramos ni un solo segundo, pero… ¿esto nos hace ser más felices? ¿por qué lo hacemos? ¿por qué no nos permitimos estar en pausa sin sentirnos ansiosos?

La respuesta es clara: estamos huyendo de nosotros mismos. Nos da miedo estar solos. Esto implica tener que observar lo que pasa dentro de nosotros. Y, nos aterra darnos cuenta de nuestros pensamientos, emociones y sensaciones. Por este motivo, evitamos quedarnos solos con todo aquello que pasa por nuestra cabeza y nuestro cuerpo.

Es más fácil anestesiarnos emocionalmente ocupándonos de cosas o tareas que no tienen demasiada importancia, no nos acercan a nuestra mejor versión y realmente no nos van a ayudar a mejorar nuestra calidad de vida. A corto plazo, esto es lo más cómodo pero nos conduce a la nada, a una vida carente de sentido.

¿Por qué huimos de nosotros mismos?

Tenemos miedo a conectar con nosotros mismos. Nos refugiamos en las tareas, nos aliamos con la prisa para no pensar, para no sentir, para no ser. No nos queda tiempo para disfrutar de lo realmente esencial. Y, como se señala en el libro de “El Principito”: lo esencial es invisible a los ojos.

Queremos ir más rápidos que la propia vida.Nos adelantamos y no permitimos que las cosas sigan su curso. Necesitamos bajar el ritmo para poder vivir, para poder ser. Como dice Nietzsche, “tenemos que dejar que las cosas se nos acerquen”. Es ahí donde encontraremos el sentido de nuestra vida.

Necesitamos aprender a observar lo que nos sucede desde la calma. Para ver con claridad necesitamos vivir de manera más sosegada. Cuando reflexionamos y vemos lo que nos sucede desde la calma nos damos cuenta de que todo está bien y que nada es tan terrible.

La falta de calma nos empuja a la irracionalidad y a las malas decisiones. Tenemos que aprender a estar con nosotros mismos sin miedo a lo que nos podemos encontrar.

Nuestros pensamientos, nuestros sentimientos o nuestras sensaciones no son una amenaza, nada nos pueden hacer, son totalmente inofensivos. Vienen…y se van. Tan solo tenemos que observar, ver si podemos obtener algo útil de aquello que pasa dentro de nosotros y soltar, dejarlo ir.

Tenemos que cuidar nuestro “yo”, reconciliarnos con él y aprender a disfrutar de nuestra compañía sin necesitar nada más que eso.

Esto es una tarea difícil: «desaprender muchos hábitos que habíamos aprendido hasta ahora y asumir la difícil tarea de aprender a vivir desde la calma dejando a un lado la prisa». Pero, los beneficios a medio y largo plazo que podemos obtener merecen el esfuerzo de tener que luchar contra la manera con la que hemos funcionado hasta ahora.

¿Cómo afecta la prisa a nuestra salud mental?

En conclusión, la prisa constante en la que nos encontramos inmersos en la sociedad actual puede ejercer un impacto significativo en nuestra salud mental. A medida que nos apresuramos de una tarea a otra, corriendo para cumplir plazos y acumulando compromisos, a menudo nos desconectamos de nuestra esencia y nos volvemos extraños para nosotros mismos. Esta desconexión puede dar lugar a una serie de desafíos en nuestra salud mental que no deben pasarse por alto.

La ansiedad y el estrés son compañeros constantes en el mundo acelerado en el que vivimos. La sensación constante de tener que estar en varios lugares al mismo tiempo y cumplir múltiples roles puede desencadenar respuestas de ansiedad, y el estrés crónico puede llevar a una serie de problemas de salud mental, desde el agotamiento hasta la depresión.

La prisa también puede socavar nuestra capacidad para estar presentes y disfrutar de los momentos más nimios de la vida. La incapacidad para conectarnos con nosotros mismos y con los demás puede llevar a sentimientos de soledad y aislamiento, a pesar de estar constantemente rodeados de actividades y personas.

Buscar momentos de calma en medio del caos, practicar la atención plena y cultivar la autoconciencia son pasos cruciales para contrarrestar los efectos negativos de la prisa en nuestra salud mental. Al aprender a abrazar la pausa y enfocarnos en el presente, no solo mejoramos nuestra salud mental, sino que también comenzamos a redescubrir la verdadera esencia de lo que significa vivir plenamente. En última instancia, al encontrar el equilibrio entre la prisa y la calma, nos brindamos la oportunidad de nutrir nuestra salud mental y construir una vida más significativa y gratificante.

Y por último…

Si has intentado por ti mismo aprender a cambiar tu manera de funcionar en tu día a día y no has obtenido los resultados que esperabas, quizás puedas lograrlo con la ayuda de un profesional. Si estás buscando un psicólogo en Murcia, te animamos a ponerte en contacto con nosotros para que podamos ayudarte.

Y, por supuesto, te invitamos a enriquecer este Blog de Psicología con tus comentarios. Nos encantaría conocer tus reflexiones y estamos seguros de que tus palabras pueden ser de gran ayuda para otras personas. ¡Anímate a compartir tus experiencias o reflexiones con nosotros!

Artículo actualizado el 08/08/2023 por Sofía Gil Guerrero, Psicóloga General Sanitaria, Nº col.: MU2732.

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