El universo de las relaciones afectivas es muy complejo. Las reglas de una pareja solo las conocen las personas que forman parte de esa pareja.

Hemos oído hablar con frecuencia de “personas tóxicas o relaciones tóxicas”. Pero, cuando hablamos de relaciones tóxicas lo hacemos como si este tipo de relaciones nada tuviera que ver con las relaciones que hemos tenido anteriormente o tenemos a día de hoy. Pero, ¿y si fueramos nosotros la persona que se comporta de manera tóxica?

No siempre somos conscientes de la forma en la que nos relacionamos con nuestra pareja. ¿Y si nos miramos a nosotros mismos y dejamos de valorar cómo son las relaciones de los demás? 

Cuando nos relacionamos de manera tóxica obviamente no lo hacemos de manera intencionada. A veces estamos atrapados en una relación claramente tóxica y no lo podemos ver. Sin ser conscientes de ello, nos vamos dejando llevar por nuestras emociones y perdemos el punto de referencia de lo que es y no es saludable.

Sin embargo, no ser conscientes no nos exime de responsabilidad. No es cuestión de sentirnos culpables si nos hemos comportado de manera tóxica. Pero, sí deberíamos asumir la responsabilidad que nos corresponde para dejar de estar atrapados en relaciones de pareja tóxicas o destructivas.

Este artículo nace con la idea de identificar aquellas señales que nos alertan de que nos estamos alejando de una relación saludable para adentrarnos en la trampa de las relaciones tóxicas o destructivas.

En momentos puntuales, todos podemos comportarnos de manera tóxica y no por ello podemos decir que tenemos una relación tóxica o que somos personas tóxicas. Eso sí, debemos identificar a tiempo esas conductas más tóxicas para que dejen de formar parte de nuestro repertorio lo antes posible. Y, por supuesto, deberíamos reflexionar sobre el motivo por el que nos hemos comportado de esa manera.

Si algo nos oprime y nos genera incomodidad deberíamos librarnos de ese algo lo antes posible para poder continuar con nuestro proceso de crecimiento. Si nos conformamos con aquello que nos oprime, nunca podremos alcanzar la mejor versión de nosotros mismos. En este vídeo, el Psiquiatra A.J. Twerski nos habla de esto a través de la metáfora de la longosta, ¡os animamos a ver este vídeo de tan solo 1 minuto!

10 Preguntas que debemos hacernos sobre nuestra relación:

Estas preguntas nos ayudan a identificar si nos estamos comportando de manera tóxica con nuestra pareja o viceversa. Os invitamos a reflexionar sobre estas diez cuestiones que os planteamos:

1. ¿Sufro en la relación?

El amor no duele, cuando sufrimos no lo hacemos por amor sino por el “no amor”. Si son más los momentos malos que pasamos en pareja que los buenos, algo no está yendo bien en nuestra relación.

En una relación no tiene que haber dramas, no hay tragedias. Surgirán conflictos, por supuesto, pero estos serán resueltos sin grandes dificultades. Cuando entramos en una lucha con nuestra pareja siempre termirá herido alguno de los dos.

No debemos luchar con nuestra pareja. Si luchamos, deja de haber un «nosotros». Y, emprendemos una guerra en la que dos personas que pertenecen a bandos contrarios luchan para ver quién puede más. En las relaciones de pareja no solo puede ganar uno. Ambos deben salir victoriosos («yo gano, tú ganas»). Si no es así, la relación irá perdiendo el sentido y dejará de ser satisfactoria.

Si nuestra relación nos hace sufrir quizás algo esté fallando en nosotros, ¿nos estamos relacionando con nuestra pareja de manera saludable o estamos actuando de manera tóxica?

Y si es nuestra pareja quien no se comporta de manera saludable, ¿por qué no rompemos la relación? ¿qué nos impide hacerlo?

2. ¿Permito a mi pareja que se comporte de manera auténtica?

Debemos tratar a los demás como nos gusta que nos traten a nosotros. Moldear a nuestra pareja no debería ser una opción. Intentar que la persona se adapte 100% a lo que nos gusta o necesitamos no es saludable. No podemos cambiar a otra persona.

Corregir o hacer comentarios despectivos sobre cualquier aspecto de su persona, puede dañar la autoestima de nuestro compañero/a sentimental.Si no nos gusta cómo es esa persona, dejémosla ir.

Forzar que la persona con la que estamos se comporte de otra manera terminará desgastándonos y hará que nuestra pareja se sienta frustrada y, por supuesto, nada valorada por nosotros. Señalar a nuestra pareja lo que no nos gusta de ella para que lo «cambie»  solo hará que la relación se vaya enrareciendo cada vez más.

Tenemos la libertad de elegir con quién queremos estar, ¿por qué elegir a una persona a la que intentamos cambiar constantemente? ¿no sería más adecuado dejar a esa persona y aceptar que no es para nosotros?

3. ¿Hago a mi pareja que se sienta amada y valorada por mí?

Querer a nuestra pareja es necesario, pero, ¿es suficiente?

¡No, no lo es! Si no le hacemos llegar a nuestra pareja que la queremos y que es una persona valiosa para nosotros con mucha probabilidad no se sienta amada. Mirar, hablar y tratar a nuestra pareja con cariño y respeto es imprescindible para que se siente amada y valiosa.

¿Le dices a tu pareja que la quieres, que te gusta cómo es, que la admiras o que crees que es una persona valiosa? ¿La animas en sus proyectos? ¿Le haces saber que crees en su potencial?

En ocasiones lo consideramos innecesario. Pensamos que si somos pareja se da por hecho que queremos a la otra persona. Pero, invertir unos segundos de nuestro tiempo a dedicar palabras de aliento o admiración a nuestra pareja no debería costarnos tanto trabajo.

4. ¿Le exijo más de lo que yo le doy?

Exigir más de lo que damos de manera reiterada es un comportamiento tóxico que deriva en relaciones asimétricas.

Poner solo el foco en qué es lo que necesitamos nosotros sin prestar atención a las necesidades de la persona con la que estamos, termina siendo una crónica de una muerte anunciada. Si forzamos demasiado algo, se termina rompiendo, ¡no podemos ser tiranos con nuestra pareja!

Si no hay reciprocidad, no podremos disfrutar de una relación saludable. Tener el control de la relación desde la imposición, la exigencia o el chantaje emocional hace que la otra persona no pueda ser ella misma. Y, en cambio, actúe desde el miedo al conflicto o a las consecuencias por no haber actuado conforme se le exige.

Nuestra pareja no es de nuestra propiedad, no podemos controlar cada uno sus movimientos. Debemos dejar que actúe según él o ella considere. Otra cosa es que le expresemos lo que nos gustaría, le pidamos un favor o le hagamos una sugerencia. Pero, nunca desde la imposición o exigencia.

Si no tratamos bien a nuestra pareja y le exijimos hasta límites insospechados con mucha probabilidad se terminará cansando y pondrá fin a la relación. Y, si decide aún así quedarse a nuestro lado, estaremos envueltos en una relación tóxica que no lleva a ninguna parte.

Deberíamos plantearnos, ¿exijo a mi pareja más de lo que yo le puedo dar? ¿en nuestra relación hay reciprocidad?

 5. ¿Me alegro de las cosas buenas que le pasan?

En una relación debe haber bondad. Es uno de los ingredientes principales de las relaciones saludables. Alegrarnos de las cosas buenas que le suceden a nuestra pareja es algo que debe nacer de manera espontánea en nosotros.

Si nos enfada que nuestra pareja se cuide, disfrute con otras personas como compañeros de trabajo, amigos o familiares, practique sus hobbies, etc… ¡cuidado, algo huele mal! Si sentimos miedo, celos o algún otro sentimiento negativo cuando nos habla de cosas buenas que le suceden…¡cuidado, esto también huele a tóxico!

Seguramente, si esto nos pasa, es porque interpretamos como una amenaza a cualquier persona o situación que pasa por la vida de nuestra pareja. Y, reaccionamos con alerta, con miedo. Poniendo por delante lo que necesitamos nosotros sin importar que le estemos cortando las alas o impidiendo crecer como persona a nuestra pareja.

6. ¿Siento compasión por mi pareja cuando algo no le va bien?

La compasión es otro de los ingredientes fundamentales del amor. Si queremos a nuestra pareja es inevitable que sintamos compasión por él/ella cuando está emocionalmente mal o cuando está pasando por una situación complicada.

Estar ahí, hacernos presentes y mostrarnos disponibles para nuestra pareja en sus malos momentos es lo que caracteriza las relaciones saludables.

Si ver sufrir o pasarlo mal a nuestra pareja nos resulta indiferente o le damos la espalda, debemos plantearnos que algo no va bien. Algo raro está sucediendo en la relación que no está siendo identificado. Hacer una bomba de humo y no mostramos accesibles a nuestra pareja para que cuente con nosotros en sus momentos más delicados es un comportamiento que resta, es tóxico.

Dedicar a nuestra pareja expresiones del tipo «ya estás otra vez», «ya empiezas con tus dramas», «eres demasiado sensible», «siempre estás igual, todo te afecta», «lo que a ti te pasa no es mi problema», «estoy hasta las narices de tus bajones o de tu ansiedad», «estás loca/o»…solo favorece que la nuestra pareja se distancie afectivamente de nosotros. Y, la relación irá perdiendo cada vez más y más sentido. Nuestra pareja se sentirá frustrada, incomprendida e invalidada.

En esos momentos lo más saludable es estar ahí, dar soporte. Ya habrá momento de expresarle si estamos o no deacuerdo con él o ella. Pero, si estamos viendo que nuestra pareja está pasando un mal rato debemos tenderle una mano.

Es realmente tóxico actuar dando la espalda. Y, la persona que se siente rechazada se queda con el mensaje de «no me importas». Esto es como dar una patada a su autoestima. La persona que vive como su pareja la juzga o incluso la ridiculiza por encontrarse llorando, teniendo ansiedad o simplemente pasando un mal momento, termina sintiéndose muy invalidada.

 7. ¿Le incluyo en mis planes de vida?

Querer compartir con nuestra pareja las cosas que nos suceden en la vida es señal de que la relación va bien. Hacerle partícipe de nuestros planes, de nuestras ilusiones, de nuestros proyectos… ¡es algo tan natural cuando todo fluye bien!

Esconder, no compartir o no hacer cómplice a la otra persona de las cosas que te suceden o de aquellas que están por venir, no ayuda a que se construya una relación saludable. Si no nos apetece compartir con nuestra pareja y continuamente la apartamos de nuestra vida, ¿para qué estamos en pareja?

8. ¿Escucho atentamente a mi pareja?

Preguntar cómo estás o cómo te ha ido el día al encontrarnos con nuestra pareja es una conducta saludable que alimenta la relación.

Mostrarnos disponibles para escuchar con atención e interés a nuestra pareja es imprescindible para que la otra persona se sienta escuchada, visible.

Si solo hablamos nosotros, si utilizamos frases del tipo “qué pesado/a, siempre estás con los mismo…”, no miramos a los ojos, no prestamos atención a lo que nos comunica no estaremos fortaleciendo el vínculo que mantenemos con nuestra pareja. Con mucha probailidad, si no escuchamos activamente a nuestra pareja, ésta terminará sintiéndose sola. Y, antes o después se plantee poner fin a la relación, ¡necesitamos sentirnos visibles ante los ojos de nuestra pareja!

9. ¿Hablo mal de mi pareja a otras personas cuando nos enfadamos?

Hablar mal de la persona con la que estamos a nuestros amigos o familiares es un comportamiento desleal. Cuando estamos enfadados con nuestra pareja es normal que necesitemos desahogarnos y hablar de cómo nos sentimos, ¡está bien, para eso están los amigos!

Pero, hablar de manera despectiva de nuestra pareja a las personas de nuestro entorno es una conducta tóxica que no ayuda a arreglar nada, solo destruye. Otra cosa es que hablemos de cómo nos sentimos, de cómo estamos nosotros sin hacer alusión directa a nuestra pareja. Y, por supuesto, sin descalificarlo/a u humillarlo/a.

Y tú, ¿hablas mal de tu pareja cuando os enfadáis o solo hablas de cómo te sientes?

10. ¿Sigo eligiendo diariamente a mi pareja?

Nos sentimos muy bien cuando alguien nos da visibilidad y nos elige para compartir su vida con nosotros. Eso hace que nos sintamos queridos y posiblemente esto tenga un impacto positivo en nuestra autoestima.

Pero, no por ello debemos dejar pasar todo, ¡no todo vale con tal de seguir siendo visibles para alguien!

Siempre tenemos la posibilidad de elegir si queremos o no queremos continuar con nuestra pareja. No debemos tener miedo a poner fin a una relación si estamos con un persona que a día de hoy no volveríamos a elegir.

Es un balance que debemos hacer constantemente, no podemos conformarnos si no estamos del todo satisfechos. Todos los deberíamos preguntarnos, ¿lo/la sigo eligiendo a día de hoy? ¿quiero seguir invirtiendo en esta relación?

 

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Y, por si es de tu interés, te recomendamos leer el artículo «4 claves para mantener tu relación de pareja«.

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