“La muerte no existe, la gente solo muere cuando la olvidan, si puedes recordarme, siempre estaré contigo». I. Allende. 

El fallecimiento de una persona significativa deja un helor y un vació inmenso difícil de soportar. Aceptar que la persona a la que amábamos ya no está a nuestro lado es quizá el reto más difícil que la vida nos plantea. Resulta complicado explicar con palabras lo que se puede llegar a sentir en estos momentos.

A lo largo de nuestra vida vamos encontrándonos con multitud de ganancias. Y, también son muchas las pérdidas a las que tenemos que hacer frente. Como si de un Yin Yang se tratara, la vida nos ofrece un combo perfecto de ganancias y pérdidas.

Aprender a dejar ir no es fácil. Pero, todos a lo largo de nuestra vida, nos encontramos ante la situación de tener que soltar y dejar marchar. Lamentablemente, la muerte forma parte de la vida.

¿Qué es el duelo?

El duelo es el proceso psicológico que experimentamos para poder adaptarnos a la pérdida de la persona que ha fallecido. Es un proceso natural. Y, una de las experiencias más difíciles y dolorosas que podemos tener a lo largo de nuestra vida.

En este proceso de duelo la persona tiene que aprender a percibir e interactuar con la nueva realidad, en la que el ser querido ya no está presente, de una forma diferente a cómo se ha hecho hasta ahora. Nuestro mundo ha cambiado. Y, tenemos que aprender a vivir en esta nueva realidad.

La muerte de un ser querido implica que la persona se enfrente a la ausencia permanente de alguien al que amaba. Y, debe afrontar esa pérdida aprendiendo a su vez a vivir sin la persona fallecida.

Reacciones ante la pérdida de un ser querido:

Habrá momentos en los que echararemos tanto de menos a nuestro ser querido que necesitaremos estar cerca de él. Esto hará que lo busquemos e intentemos estar cerca de nuestro ser querido de algún modo. Esto es doloroso porque nuestro ser querido ha fallecido, por tanto, no podremos estar en contacto con él como antes a pesar de nuestros intentos por hacerlo. Sin embargo, esto nos ayudará a entender lo que ha sucedido, nos ayuda a tomar conciencia de que ya no está aquí con nosotros. Y, aunque es doloroso, es necesario.

En otras ocasiones, necesitaremos desconectar de los pensamientos y los sentimientos. Son demasiado dolorosos como para estar todo el día conectados con toda esa maraña de sensaciones, pensamientos y emociones tan intensas y dolorosas. En estos momentos nos “desapegaremos de nuestro ser querido” para poder continuar con nuestra rutina. Nuestra mente nos ayuda a que podamos hacer esto contribuyendo así a que nos resulte más fácil reorganizarnos y construir una nueva vida en la que podamos ir integrando la pérdida de manera progresiva.

La alternancia entre estar enfocados en el fallecido y estar orientados a reorganizar nuestra nueva vida, es necesaria. Y, saludable. Tener esta alternancia nos da la pista de que estamos teniendo un “duelo saludable”.

Lo aconsejable es buscar el equilibrio. Lo ideal es que pasemos por nuestro proceso de duelo y, a su vez, nos centremos en lo relacionado con los aspectos más prácticos que tienen que ver con organizar la nueva vida que tenemos por delante.

¿Qué hacer cuando fallece un ser querido?

  1. Aplicar primeros auxilios psicológicos. Al igual que existen los primeros auxilios también disponemos de los primeros auxilios psicológicos para situaciones de urgencia. Estos tienen que ver con el cuidado de nuestras necesidades más básicas. Es importante que en los primeros días tras la pérdida intentemos cuidar nuestras necesidades más básicas: descansar, comer, cuidar la higiene, estar en contacto con personas de nuestra confianza, caminar, etc. 
  2. Volver lo antes posible a nuestra rutina habitual nos puede ayudar. Es normal que nuestro cuerpo y nuestra mente nos pida los primeros días de la pérdida permanecer aislados, pasar tiempo en cama, renunciar a las actividades que antes nos hacían sentir bien, etc. Pero, tenemos que volver a nuestra rutina en cuanto podamos para lograr que nuestra vida continúe siendo lo más parecida posible a la que teníamos cuando estaba nuestro ser querido. Demasiados cambios en poco tiempo seguramente no nos vengan bien. Y, mantenernos ocupados puede ayudarnos a no estar tan conectados con los pensamientos y emociones dolorosas.
  3. Aceptar que la persona ya no está. Esto es doloroso, nuestra vida ya no es igual. Y, la persona no va a volver. Pero, tenemos que aceptarlo para poder continuar y no quedarnos estancados en algo que no depende de nosotros. En los días posteriores tras la pérdida es complicado llegar a visualizar que de nuevo las cosas volverán a ir bien. Pero, solo necesitamos saber que quizá mañana se abran posibilidades que ahora mismo no podemos ni imaginar.
  4. Permitirnos reaccionar ante la pérdida sin suprimir o enmascarar ninguna sensación, pensamiento o emoción. «Está bien no estar bien en estos dolorosos momentos».
  5. Recordar a la persona que se ha ido. Y, sentir los sentimientos asociados a esos recuerdos.
  6. Adaptarnos a la nueva realidad y reinventarnos. Tenemos que buscar el sentido a nuestra vida, aunque la persona a la que tanto queremos ya no esté en ella. Debemos ver qué cambios tenemos que introducir en nuestra vida, qué tenemos que dejar de hacer y qué tenemos que comenzar a hacer ahora que nuestro ser querido ya no está. En esta nueva etapa, debemos cuidarnos y cuidar a los que sí están a nuestro lado, esto es una tarea imprescindible. El afecto contrarrestra el dolor. El contacto físico con nuestras personas de mayor confianza genera alivio.

Y por último…

Cuando perdemos a un ser querido es normal que a lo largo del día sean muchos los pensamientos y sentimientos relacionados con la persona fallecida. Especialmente en las etapas iniciales del duelo.Pero es aconsejable que, en la medida de lo posible, dediquemos parte de nuestro tiempo a pensar en nuestra vida futura en la que nuestro ser querido ya no está presente. Esto no significa que no sintamos la pérdida. Pero, para poder construir algo nuevo, debemos aprender a decir adiós a la etapa de nuestra vida que quedó atrás, aunque resulte realmente doloroso.

No perdemos la conexión o el vínculo con la persona que fallece, sino que se trasforma en algo distinto. Podemos continuar sintiéndonos conectados a la persona que queremos a pesar de su pérdida.

No debemos dejar de recordar. A través de los recuerdos de la persona fallecida, conocemos y reconocemos el significado de la relación con la persona que hemos perdido. Y, el papel que esa persona ha tenido y tiene en nuestra vida y en nuestra identidad.

Aceptar que la persona que tanto hemos amado ya no está aquí y no podemos comunicarnos con ella es una tarea realmente difícil. En las etapas inicial o cuando el duelo se complica muchas personas piensan que su vida ya no tiene sentido. En terapia ayudamos a las personas a sustituir la creencia “no sé si puedo vivir con esto” por “puedo vivir con esto a pesar de ser realmente doloroso”.

Si crees que necesitas ayuda psicológica para afrontar el fallecimiento de tu ser querido y estás buscando un psicólogo en Murcia, te animamos a contactar con nosotros. Podemos acompañarte en tu proceso de duelo tanto de manera presencial en nuestras instalaciones como a través de la modalidad online.

Actualizado el 28 de enero de 2022 por Sofía Gil Guerrero. Psicóloga General Sanitaria. Nº col.: MU2732.