Apego: ¿amamos como nos amaron?

por | Psicología

“Amar es el arte de querer a la otra persona como realmente quiere ser querida, no tanto como uno quiere querer”.

E. Fromm.

Somos el resultado de las experiencias que hemos ido teniendo a lo largo de nuestra vida. En función del tipo de apego, que hayamos desarrollado durante nuestra infancia, podremos predecir cómo serán nuestras relaciones de pareja en la adultez.

¿Qué es el apego?

Es el vínculo que el niño desarrolla con sus cuidadores principales (figuras de apego). El tipo de apego se establece en las etapas tempranas de la vida. El niño recién nacido tiene conductas de apego (p.ej. llorar, emitir sonidos, etc.) con la finalidad de mantener o reestablecer la proximidad con la figura de apego, aumentando así la probabilidad de sobrevivir. Dependiendo de cómo la figura de apego responda a las necesidades emocionales del niño, sobre todo en situaciones de estrés, se establecerá un tipo de apego u otro.

Si durante la infancia no hemos recibido seguridad, atención y afecto de una manera saludable y adecuada, con mucha probabilidad nuestro apego sea un apego no seguro. Y, tengamos que repararlo en nuestra adultez para que no nos genere malestar en nuestras relaciones adultas.

Si el niño ha crecido en un apego inseguro, la capacidad para mirarse hacia adentro con comprensión y aceptación se verá mermada en la adultez. Si no hubo nadie que viera y leyese adecuadamente nuestras necesidades y estados emocionales durante la infancia, ¿cómo seremos nosotros capaces de hacerlo?

Tipos de apego

Apego seguro

Los cuidadores se ocupan de las necesidades del niño sin invalidarlo ni invadirlo. Estos cuidadores no son negligentes ni sobreprotectores. Fomentan la autonomía del niño. Los cuidadores, le trasmiten al niño respeto, afecto, calma, seguridad y cuidado. Hay sintonía, complicidad, entendimiento.

El niño no depende de los cuidadores para poder regularse. El niño con apego seguro puede calmarse por sí mismo, cuando siente ansiedad o malestar, sin necesitar a los cuidadores. Y, cuando los cuidadores regresan, el niño se siente bien estando a su lado. No tiene comportamientos que denoten enfado. El niño se muestra en equilibrio. Quiere estar con sus cuidadores. Pero, también siente interés por explorar el mundo por sí mismo, por desarrollar su propia autonomía. Lo hace además con tranquilidad, sabe que los cuidadores van a estar ahí.

Apego evitativo/distanciante

La figura de apego no está en sintonía con el niño. Son cuidadores rígidos, inflexibles. El cuidador principal, no presta atención a las necesidades básicas de afecto del niño. No lo atiende emocionalmente. Evita el contacto físico con el niño porque es considerado como una “ñoñería” o innecesario. A los cuidadores con apego evitativo, el contacto físico parece generarles cierta aversión. Se relacionan con el niño con hostilidad, frialdad. Los niños aprenden a reprimir sus necesidades afectivas ya que dan por sentado que no van a ser tenidas en cuenta. Y, terminan evitando el contacto con su figura de apego para no ser rechazados, no quieren dar problemas ni resultar molestos. Las necesidades o demandas de sus hijos las ven como excesivas, caprichosas o fruto del chantaje emocional. Terminan no satisfaciéndolas.

Apego ansioso-ambivalente

Los cuidadores se entrometen en sus acciones. No favorecen la autonomía del niño sino la dependencia. La figura de apego no siempre se comporta de la misma manera. En ocasiones se muestra indiferente con el niño. Y, en otras ocasiones, se muestra cariñosa y atenta a sus necesidades. El niño no ve coherencia. No entiende y no sabe qué esperar. Se encuentra en una continua incertidumbre. Lo constante en los cuidadores con apego ansioso-ambivalente es la inconsistencia a la hora de satisfacer las necesidades del niño. El niño siente mucha ansiedad ante la idea de que la figura de apego se pueda marchar. Y, no logran calmarse cuando están de nuevo presentes. El niño no se fía de los cuidadores, no está relajado. Teme que en cualquier momento puedan abandonarlo.

Apego desorganizado

Este es el tipo de apego que han desarrollado los niños que, por desgracia, han sido maltratados física y/o emocionalmente en el sistema familiar. Los cuidadores han sido negligentes o incluso agresores de sus propios hijos. Los niños se encuentran en una encrucijada. Por un lado, dependen de su figura de apego para poder sobrevivir. Pero, son sus propios cuidadores su principal amenaza. Esto es difícil de entender. Los cuidadores se comportan de manera desorganizada, impredecible. Por tanto, los niños con este tipo de progenitores tienen a disociarse (desconectarse) para poder sobrellevar la difícil realidad. Al niño le resulta difícil integrar el concepto de: «la figura que debería cuidarte es quien te está dañando». Ante la dificultad para integrarlo, el niño termina desconectándose de la realidad, disociándose.

¿Cómo influye el apego en nuestra manera de amar?

En función del tipo de apego que hayamos desarrollado en nuestra infancia nos relacionaremos de una manera u otra en nuestras relaciones de pareja en la adultez. Durante la primera etapa de la vida vamos aprendiendo diferentes «estrategias» para mantener a nuestro lado a nuestras figuras de apego. Por ensayo y error aprendemos qué debemos hacer o dejar de hacer para que la figura de apego permanezca a nuestro lado. Vamos cumpliendo años pero este «patrón» a la hora de relacionarnos se suele mantener estable.

 

«Lo importante no es lo que han hecho de nosotros, sino lo que hacemos con lo han hecho de nosotros».

J. Sartre.

Relaciones de apego seguro

Las personas que hayan desarrollado este tipo de apego en su infancia, no necesitarán de los demás para regularse. Están con quien quieren estar, pero no dependen de otras personas. Si alguien les daña sabrán poner límites y alejarse de quien les trata mal. Respetan a los demás y se repetan. Identifican sus necesidades, las expresan y se ocupan de satisfacerlas. Las personas con apego seguro suelen tener relaciones basadas en el respeto. Y, no idealizadas. Entienden, sin angustia, que las crisis son inevitables en una relación de pareja. No hay miedo. Se muestras confiados en las relaciones, seguros, en calma. Suelen tener relaciones de confianza y duraderas.

Relaciones de apego evitativo

Las personas que han desarrollado un tipo de apego evitativo, suelen comportarse de manera huidiza en sus relaciones adultas. Creen que necesitar cariño o mostrar afecto es una debilidad. Quieren demostrar que no dependen de nadie y son autosuficientes. Se muestran como personas frías e incluso quizá insensibles. Pero, no lo son. Muestran una «coraza». Entienden que sus emociones pueden ser molestas para los demás. Por tanto, no las expresan. No esperan que los demás se preocupen por ellos. Por tanto, tampoco se decepcionan con los demás. No suelen tener niveles altos de ansiedad. Pero, tienen muchas conductas de evitación. Esta evitación constante hace difícil que puedan construir una relación con otra persona. Tienen dificultades para comprometerse por miedo a ser rechazados, ignorados. El apego evitativo no tiene que ver con evitar a los demás si no con no confiar en otras personas.

Relaciones de apego ansioso-ambivalente

Las personas que desarrollaron este tipo de apego en su infancia, serán adultos inseguros. Experimentarán, con mucha probabilidad, niveles muy altos de ansiedad en los momentos de discusión o ruptura. Necesitan reasegurar que están constantemente vinculados con sus parejas. Demandan pasar mucho tiempo en pareja. Es probable que sean celosos, controladores, suspicaces. Con este tipo de conductas “controladoras” intentar amortiguar la ansiedad. Dependen emocionalmente de la pareja. Interpretan con detalle cada gesto. Cualquier cosa puede ser una amenaza para la relación. Su estado de ánimo depende absolutamente de cómo está con su pareja. Se desequilibran cuando algo no va bien en su relación. Les resulta difícil continuar con el resto de su vida, “se hunden”. Están constantemente en alerta. Si piensan que su pareja “no los necesita” o que “no son lo más prioritario”, su ansiedad aumentará considerablemente. Una persona con apego ansioso no confía en poder valerse por sí misma, por ese motivo, se aferran a los demás.

Relaciones de apego desorganizado

En su adultez verán las relaciones como amenazas. Lo más probable es que eviten estar en relación o que éstas no den buenos resultados. Son personas a las que les resulta difícil tener relaciones duraderas. Lo normal es que las relaciones se terminen rompiendo. Tienen grandes dificultades para identificar, expresar y regular sus emociones. Tampoco saben leer a los demás. Suelen tener bloqueos emocionales. No escogen bien a sus parejas. Entienden que la agresión forma parte de cualquier relación. Terminan creyendo que «se merecen» ser abusados, ser maltratados.

¿Es posible cambiar nuestro tipo de apego siendo adultos?

Sí. Es posible reparar nuestro tipo de apego. Y, por supuesto, podemos aprender a vincularnos de una manera más saludable con las personas con las que nos vayamos encontrando en nuestra vida adulta. No obstante, esto es un proceso que suele requerir la ayuda de un profesional de salud mental especializado en apego.

También, a lo largo de nuestra vida nos vamos a ir encontrando con personas con distintos estilos de apego (amigos/as, compañeros/as de trabajo, etc.). Las personas con un apego seguro podrán darnos a conocer una manera diferente de relacionarnos si hemos crecido en un apego no seguro (evitativo, ansioso-ambivalente o desorganizado). Podrán ser nuevos modelos para nosotros a través de los cuales poder aprender a relacionarnos sin miedo. Y, desde la absoluta calma.

Desprendernos de aquello que genera sufrimiento y adoptar nuevas maneras de estar en el mundo más saludables para nosotros, debe ser uno de nuestros objetivos vitales.

Os animamos a contactar con nosotros si queréis explorar y trabajar sobre vuestro apego en terapia, ¡nos encantaría acompañerte en ese proceso!

Actualizado el 24/ 04/ 2022 por Sofía Gil Guerrero, Psicóloga General Sanitaria, Nºcol.: MU2732.

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