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Duelo

“Si puedo cargar sobre mis espaldas el peso del dolor, del sufrimiento y de la muerte, podré encontrar el último sentido que la vida puede ofrecer: asumir un destino que no puede evitarse”

V. Frankl

El duelo es una respuesta natural en el ser humano que surge cuando perdemos a un ser querido con el que existía un estrecho vínculo afectivo. Es universal, todas las personas que pierden un ser querido atraviesan un proceso de duelo. Es imprescindible que el proceso de duelo siga su propio curso, no evitando en ningún caso que tenga lugar.

El ser humano está preparado para superar la pérdida de un ser querido de manera natural. Sin embargo, en determinadas circunstancias, no todas las personas logran superar la pérdida de su ser querido y los sentimientos de pena y malestar se prolongan de manera excesiva en el tiempo, es lo que se conoce como duelo complicado o patológico.

A pesar del sufrimiento que implica  la muerte de un ser querido, el duelo es normal y necesario ya que nos ayuda a aceptar la pérdida, nos prepara para vivir sin la presencia física de esa persona y nos permite mantener el vínculo afectivo, que teníamos con la persona fallecida, de manera compatible con la realidad presente.

La duración del proceso de duelo es variable, cada persona necesita un tiempo distinto para adaptarse a la nueva situación. Por último, debe conocerse que el periodo de un duelo “normal” se puede extender hasta por seis meses. Pasado este tiempo si la persona no se repone es necesario buscar ayuda psicológica.No obstante, sí sabemos que los dos primeros años tras la pérdida son los más difíciles, pasados estos dos años el malestar normalmente comienza a disminuir.

¿Cuáles son las fases del duelo por las que pasa una persona?

  1. Negación.
  2. Culpa.
  3. Desesperanza.
  4. Rabia.
  5. Aceptación.

¿Qué hacer para superar la pérdida de un ser querido?

  • Aceptar la pérdida.

Es necesario aceptar que la persona ha fallecido y asumir que es imposible volver a verla. Aceptar la pérdida de un ser querido no es una tarea fácil y conlleva cierto tiempo para poder hacerlo, ya que se trata de aceptarlo tanto de manera racional como emocional.

  • Prestar atención a las emociones y al dolor.

Es importante observar cuáles son las emociones que experimentamos y reconocer en nosotros el dolor emocional y físico que sentimos tras la pérdida de nuestro ser querido. Negar los sentimientos y el dolor, únicamente nos empuja hacia un duelo complicado.

  • Adaptación a una vida en la que nuestro ser querido ya no está presente.

Al fallecer una persona cercana a nosotros, como por ejemplo nuestro compañero sentimental, son muchos los cambios a los que tendremos que hacer frente, ya que su vacío implicará tener que readaptarnos a las nuevas circunstancias.

En definitiva, tendremos que elaborar una nueva vida sin nuestro ser querido y ello implicará tener que asumir nuevos roles, tomar decisiones, replantearse nuevos caminos, reconstruir una nueva identidad, etc.

  • Recolocar emocionalmente al fallecido y continuar viviendo.

Superar exitosamente un proceso de duelo no implica olvidar a la persona que hemos perdido o negar que exista un hueco en nosotros debido a su ausencia.

Por el contrario, el duelo considerado normal acaba cuando la persona aprende a vivir aceptando que su ser querido ya no está presente y  a su vez, permanece de alguna manera vinculada a él, sin que esto le impida seguir viviendo.

¿Cuándo buscar ayuda psicológica para superar el duelo de un ser querido?

Es recomendable buscar ayuda psicológica cuando observemos que nos disponemos de los recursos necesarios para superar la périda de nuestro ser querido por nosotros mismos.

En ocasiones, el malestar que se produce, tras el fallecimiento de una persona importante para nosotros, se prolonga en el tiempo y no logramos por nosotros mismos encontrarnos mejor y adaptanos a la nueva realidad. Ante esta situación, es preciso solicitar ayuda a un profesional que nos acompañe durante nuestro proceso de duelo y nos oriente para poder superar la pérdida.

En definitiva, transcurridos seis meses tras la pérdida de nuestro ser querido, deberíamos recuperar funcionamiento normal en nuestra vida cotidiana, haber retomado nuestras actividades y la sintomatología ansiosa-depresiva a consecuencia de la pérdida tendría que haber disminuído de intensidad. Si esto no es así, deberíamos plantearnos buscar ayuda psicológica.