Pitahaya: Una reflexión sobre el comportamiento humano

Pitahaya: Una reflexión sobre el comportamiento humano

En esta entrada de blog se analizan los mensajes de gran valor y carga emocional que Albert Espinosa transmite en Pitahaya, su nuevo cortometraje.

Pitahaya es una historia sencilla, cuyos protagonistas representan papeles sumamente realistas e irradian un halo de sensibilidad, naturalidad, espontaneidad y ternura que sin duda envuelve al espectador desde el inicio.

En todos los trabajos de Albert Espinosa se observa un interés por aquellos aspectos relacionados con la condición del ser humano, por lo que reflexionar sobre Pitahaya implica reflexionar sobre el comportamiento humano y todo lo que en él influye.

La elección de Mercabarna, como escenario para desarrollar el cortometraje, nos hace sumergirnos en un ambiente que a pesar de sus grandes dimensiones denota sencillez y cotidianidad. Albert Espinosa, nos permite ser partícipes, a través de los ojos de un niño que recorre muchos rincones de aquel inmenso pero mágico lugar, de la peculiar dinámica y el hasta ahora desconocido funcionamiento de Mercabarna.

Pitahaya narra la historia de un niño que, tras realizar una excursión a Mercabarna, se ve envuelto en una experiencia que cambiará su vida para siempre y es, a través de su historia, dónde Albert Espinosa refleja e invita a reflexionar al espectador principalmente sobre temas como la valentía, la toma de decisiones, la necesidad de afrontar los miedos, la importancia de manejar adecuadamente las emociones y la aceptación o consideración positiva hacia uno mismo.

Rubén, el niño protagonista del cortometraje, realiza una excursión junto con sus compañeros de clase a Mercabarna, y es ahí donde toma la decisión de dar un paso adelante, embriagarse de valentía y expresar, mediante una carta, todo lo que siente.

Tomar decisiones es consustancial a nuestra condición de ser humano e implica valentía con independencia de tipo de decisión que sea y el momento de la vida en el que nos encontremos, ya que el miedo y la inseguridad acerca de si estamos tomando la decisión más adecuada, normalmente nos invade hasta el último momento. Sin embargo, a pesar de la dificultad de tomar decisiones, es la libertad de elección lo que nos hace ser felices y nosotros tenemos en nuestras manos la libertad de elegir cómo enfrentarnos a los desafíos y dificultades que nos encontramos durante el transcurso de nuestra vida, y es ahí donde radica una de las principales claves de la felicidad.

En Pitahaya se refleja la necesidad de aprender habilidades para la vida que nos permitan crecer y desarrollarnos de manera saludable, ya que muchos de nosotros no poseemos las destrezas necesarias para desenvolvernos adecuadamente en nuestro entorno. En concreto, Rubén evoca lo difícil que nos resulta afrontar nuestros miedos a pesar de haber tomado la decisión de hacerlo y se pregunta por qué nadie, a lo largo de nuestra vida, nos enseña a afrontar aquello que tememos. ¿Cómo debemos afrontar nuestros miedos? ¿Dónde debemos hacerlo? ¿Cuál es el mejor momento?, estas son muchas de las dudas que le surgen al protagonista.

Somos muchas las personas que, al igual que Rubén, en algún momento de nuestra vida, hemos tenido miedo a fracasar, miedo a ser prejuzgado por lo que aparentamos ser, miedo a no gustar, miedo a que nuestros sentimientos no sean entendidos por las personas que anhelamos, miedo al cambio y miedo a tomar decisiones. Son escasas las oportunidades que nos brinda la vida para mostrar quiénes somos y qué es lo que nos hace únicos e irrepetibles, y superar la barrera de lo que aparentamos ser se convierte en una difícil tarea.

Rubén, teme no poder superar con éxito la barrera del cómo somos o como creen los demás que somos y realiza una comparación que permite de manera sencilla trasmitir esta idea al espectador: “Me  sentía como aquellas patatas, seleccionadas por su medida y su forma. Quizás estaba aspirando demasiado. Quizás sólo puedes aspirar a la felicidad que te mereces por cómo eres”.

Rubén estaba decidido a expresar lo que sentía y a mostrar parte de su mundo interior a través de la carta que quería entregar a aquella persona, necesitaba que todo saliera bien, por lo que para él era importante controlar cualquier detalle de la situación. Sin embargo, los acontecimientos no siempre suceden como los habíamos imaginado y un chico de su clase, hace que su plan no sucediese como él tenía previsto.

La mayoría de las cosas no dependen nosotros mismos, y por lo tanto se escapan de nuestro control. Nuestros planes pueden verse alterados, tal y como le sucede a Rubén, por circunstancia que son imposibles de controlar y la nueva situación nos demanda poner en marcha nuevas estrategias antes de que el querer controlar lo que no depende de nosotros, acabe descontrolándonos.

En este momento, cuando nada sale como teníamos previsto, “el miedo puede paralizarnos o hacernos avanzar”.

El miedo o la ansiedad tienen una función adaptativa, son necesarios para impulsarnos hacia la acción, nos permiten afrontar las dificultades con las que nos encontramos y nos ayudan por tanto  a superar los obstáculos que nos impiden alcanzar nuestros objetivos. No obstante, cuando el miedo o la ansiedad son excesivos, nos paralizan y no nos permiten adaptarnos a la situación de manera satisfactoria. El miedo es una emoción que nos permite poner en marcha todos los recursos necesarios para afrontar la situación de manera adecuada, debemos tener en cuenta que sentir miedo es adaptativo ya que nos impulsa a actuar, nos ayuda a avanzar.

La valentía y la cobardía son dos polos opuestos de un mismo continuo. Ser valiente o ser cobarde depende del adecuado manejo del miedo. La diferencia estriba en que una persona valiente a pesar de sentir miedo decide utilizar el miedo para tomar impulso, avanzar y afronta la situación que teme, sin embargo, la persona cobarde se deja envolver por el miedo y queda paralizada. Todas las personas sentimos miedo, ser valiente o ser cobarde depende de nosotros mismos. Si no sintiéramos miedo y si no hemos sido previamente cobardes,  ¿cómo vamos a considerarnos valientes?

Rubén, tras desmoronarse su plan, decide alejarse de su clase y perderse en aquel lugar, es en este momento cuando conoce a un trabajador que tras entablar una conversación con él, termina forjándose un vínculo especial entre ambos. Francesc, el trabajador de Mercabarna, le regala a Rubén la siguiente reflexión: “si te pierdes de pequeño, no te perderás de grande”.

Todos en algún momento de nuestra vida, necesitamos alejarnos del bullicio, parar, reflexionar y mirar dentro de nosotros mismos para conocer quiénes somos y cuáles son los recursos que tenemos para afrontar las dificultades que nos causan malestar. Al igual que para ser valientes previamente hemos tenido que ser cobardes, para encontrarnos a nosotros mismos y saber quiénes somos, antes hemos tenido que andar perdidos.

“Ama tu propio caos, hazlo crecer, si tu propio caos es no saber hacer bien las cosas, pues ama lo que eres”, finalmente Francesc le regala estas palabras tan poderosas a Rubén. Aceptar lo que somos y ser compasivos con nosotros mismos, nos conduce al bienestar y a una vida satisfactoria. Renunciar a cambiar nuestra esencia, desarrollar nuestras potencialidades y fomentar una consideración positiva hacia nosotros mismos, nos aleja del malestar que supone juzgarnos negativamente por algo que no podemos cambiar.

Para afrontar lo que tememos, debemos tener fortaleza y en definitiva, encontrarnos bien con nosotros mismos. Es a la mañana siguiente, después de la noche de reflexión junto con el trabajador de Mercabarna, cuando Rubén se decide a ser valiente y a continuar con la decisión que había tomado a pesar de los obstáculos con los que había tenido que lidiar. Se despide de nosotros dedicándonos las siguientes palabras: “Quizás por haber sido un pequeño cobarde, podría llegar a ser un gran valiente”.

 

Dejar un comentario

Tu email no será publicado.