Esta entrada de Blog surge con el objetivo de hacer visible uno de los trastornos de personalidad que más sufrimiento provoca en las personas que lo padecen y sus familiares.

Me gustaría reflejar desde un punto de vista personal y profesional mi experiencia con las personas que presentan un Trastorno Límite de Personalidad y han acudido a nuestro centro buscando ayuda psicológica para paliar su sufrimiento. Podemos decir que, el Trastorno Límite de Personalidad, es uno de los trastornos que más prevalece entre las personas que acuden a nuestra consulta actualmente, por ello, hemos considerado necesario escribir esta entrada de Blog.

Normalmente, cuando una persona acude a nuestro centro buscando ayuda psicológica, la primera pregunta que le realizamos es: “¿En qué podemos ayudarte? ¿Cuál es el motivo que te ha traído hasta aquí?”. En el caso de las personas con Trastorno Límite de Personalidad siempre solemos obtener la misma respuesta: “Me siento sólo, incomprendido, incompleto, tengo una sensación de vacío en mi interior, no encuentro satisfacción por nada, tengo miedo a estar solo, me siento desmotivado, perdido, confuso, no soy feliz”.  

Estas palabras ya nos hacen barajar un probable diagnóstico de Trastorno Límite de Personalidad, por lo que posteriormente continuamos indagando y, en la mayoría de las ocasiones, nos encontramos con una falta de identidad o una identidad difusa y un historial de continuas conductas impulsivas (ingresos en urgencias por autolesiones, intentos de suicidio, intoxicación por abuso de sustancias, episodios agresivos, etc.) que normalmente nos ayudan a confirmar el diagnóstico de Trastorno Límite de Personalidad.

Las personas con Trastorno Límite de Personalidad  presentan un caos emocional que les impiden funcionar con normalidad en su vida cotidiana. Por ello, la característica principal del Trastorno Límite de Personalidad es la inestabilidad emocional que les interfiere en todos los ámbitos de su vida.  En consulta, muchas veces expresan su deseo por dejar de sentir: “sólo quiero no sentir, que no me afecten tantos las cosas, dejar de sufrir”.

Generalmente las personas que sufren este trastorno son conscientes de que distorsionan la realidad, su visión del mundo difiere significativamente de la que tienen las demás personas, y muchas veces interpretan erróneamente las miradas, las palabras y las intenciones de las personas con las que se relacionan, ocasionándoles grandes dificultades para mantener relaciones.

Saben qué tienen que hacer para que las cosas les vayan mejor y mejorar su calidad de vida, pero se sienten incapaces y consideran imposible cambiar; esto les genera una gran sensación de culpabilidad y frustración.

Sus sentimientos les hace sentir vulnerables y en desventaja ante el mundo. La sensación de no encajar y la conciencia que tienen de “ser raros”, hacen que permanentemente se encuentren buscando su espacio en un mundo percibido por ellos como peligroso, impredecible, lleno de personas dispuestas a hacerles sufrir. ¡Imaginaros qué difícil es vivir en una constante tensión!

Subir a una montaña rusa es divertido, incluso tener emociones intensas puntualmente puede resultar atractivo, pero, ¿os imagináis cómo sería vivir continuamente en una montaña rusa? ¡Resultaría agotador y la diversión brillaría por su ausencia! Me gustaría que esta entrada de Blog sirviera para que vosotros, nuestros fieles lectores, pudierais poneros en la piel de las personas que sufren un Trastorno Límite de la Personalidad.

El otro día, en consulta, un chico de 20 años, con el que llevo realizando terapia psicológica desde hace unos meses, me explicaba por qué sentía que su vida era un caos, y lo expresaba de la siguiente manera: “Estoy perdido, pero no siempre me siento así, me pierdo y me encuentro, me pierdo  y me encuentro, me pierdo y me encuentro”, “no sé qué lugar ocupo en ningún sitio, no sé qué rol debo tener en mi casa  o con mis compañeros, no sé dónde está mi sitio”, “no tengo nada claro, para mí todo es difuso, no sé quien soy, ni que quiero, ni siquiera sé que me hace feliz”.

He tenido la suerte, como profesional de la Psicología Clínica, de conocer personas maravillosas, diagnosticadas de Trastorno Límite de la Personalidad, que me han enseñado a ver más allá de sus reacciones exageradas ante cualquier gesto, palabra o comentario, y me han permitido comprender cómo piensan y cómo sienten. Por ello, GRACIAS a todas las personas que han acudido a nuestro centro depositando su confianza en nosotros para ayudarles en su lucha emocional. ¡GRACIAS!

Terminamos esta entrada de Blog sobre el Trastorno Límite de Personalidad  con un texto, EL RELOJ DE ARENA, escrito por Laura Ageitos, que a modo de metáfora define muchas de las características de las personas con Trastorno Límite de Personalidad:

“Vivo en la parte de arriba de un reloj de arena. Todo a mi alrededor es vacío y éste ha acabado invadiendo todo mi ser.

Dependo de que alguien venga y le dé la vuelta. Cuando lo hace, aprovecho el tacto de sus dedor para meterme en su piel. Desde ese momento hago de su tiempo mi tiempo, de sus pasos; de su vida, mi vida.

Así, mi vacío se va llenando poco a poco con cada partícula de arena que va pasando. Pero la simple idea de que se olvide de volver a darme la vuelta y me abandone, me asusta tanto, que agoto todas mis fuerzas en intentar parar el tiempo”.

Me gustaría terminar esta entrada con un mensaje  positivo y esperanzador: ¡TOD@S PODEMOS CAMBIAR! Nuestra manera de pensar, sentir y actuar no es algo fijo e inmutable, podemos cambiarla para obtener mejores resultados en nuestro día a día. Si lo que hemos estado haciendo hasta ahora no nos ha dado buenos resultados, ¿no deberíamos plantearnos cambiar la manera que tenemos de hacer las cosas?, ¿por qué conformarnos con los que hacemos y no esforzarnos por mejorar para que las cosas nos vayan mejor? ¡SÍ SE PUEDE! 🙂

No olvidéis que tener emociones no depende de nosotros, permanecer en ellas sí.

¡No os rindáis y continuar luchando!