“Es más fácil ser una víctima culpando a los demás de nuestros problemas, porque así no tenemos que asumir el dolor de nuestras propias decisiones”. D. Fischman.

¿Te comportas de manera victimista en tu día a día? Pues, sentimos decirte que si funcionas en “modo queja” estás metiendo la pata. Es una estrategia equivocada si buscas ser feliz y/o hacer felices a las personas de tu entorno.

¿Por qué me quejo todo el tiempo o asumo una actitud de víctima?

Muchas veces nos quejamos simplemente porque necesitamos exteriorizar como nos sentimos y creemos que hacerlo de esta manera nos va a producir alivio. Pero, verbalizar continuamente nuestros pensamientos y emociones negativas puede empujarnos incluso a sentirnos peor aún.

Lo que sucede, cuando asumimos un rol victimista y aireamos sin censura nuestra emocionalidad, es que comenzaremos a marchitarnos cada vez más.

Las personas con una actitud victimista agotan y consumen toda nuestra energía. Por ello, todos terminamos huyendo de ellas. Las emociones se contagian muy rápidamente. Si estamos al lado de una persona victimisma seguramente comencemos a sentirnos agotados y con ganas de salir corriendo para recargar pilas. Su visión negativa del mundo, si pasamos mucho tiempo con una persona victimista, comenzará también a apoderarse de nosotros. ¡Huyámos, no podemos permitirlo!

Otras veces nos comportamos como víctimas para recibir atención y cariño de las personas de nuestro entorno. Es posible que las retengamos a corto plazo a nuestro lado por “lástima”, “compasión” o como lo queramos llamar. En cualquier caso, esta no es una estrategia correcta. Puede funcionar a coto plazo. Pero, a largo plazo terminará pasándonos factura.

Las personas somos como bombillas.

Las personas somos como bombillas.Todos trasmitimos sensaciones y captamos con facilidad cómo están o se sienten los demás con tan solo mirarnos. Algunas personas van por la vida emitiendo mucha luz y otras, en cambio, van fundidas y apenas se les ve. Estas personas que son como bombillas apagadas son normalmente aquellas que tienen una actitud victimista y derrotista ante la vida.

El conferenciante, Víctor Küppers, explica fantásticamente este concepto en el siguiente vídeo “la importancia de la actitud”:

¿Cómo puedo saber si soy una persona victimista?

Las personas victimistas…

  • Se quejan constantemente de absolutamente TODO.
  • Tienen una visión del mundo muy pesimista. Todo es de color gris para ellas. Su visión está distorsionada.
  • Exageran o sobredimensionan todo aquello que les sucede.
  • Asumen una acitud pasiva y derrotista ante la vida.
  • Se muestran ante los demás como débiles y necesitadass de protección. El sufrimiento se convierte en su forma de vida.
  • Se sienten aliviadas cuando se lamentan y hacen ver a los demás que son unas “víctimas” de las circunstancias.
  • Creen que los demás siempre tienen malas intenciones con elllas y que van a intentar boicotear cualquiera de sus acciones.
  • Son muy suspicaces, suceptibles e hipersensibles. Tienen la piel de mariposa.
  • Culpan a los demás de todo lo que les sucede. Por supuesto, ellas nunca tienen ningún tipo de responsabilidad.
  • Son muy exigentes con las personas de su entorno.
  • Les resulta muy difícil hacer autocrítica o detectar su parte de responsablidad.
  • Son muy hábiles emocionalmente. Utilizan con frecuencia el chantaje emocional para obtener algún beneficio. Y, especialmente si detectan algún tipo de vilnerabilidad en la otra persona.

¿Qué puedo hacer para dejar de quejarme y comportarme como víctima?

  • Podemos quejarnos, por supuesto, pero con moderación. Es importante que la queja no se acomode y se convierta en parte de nuestro día a día. Tenemos derecho a quejarnos, ¡solo faltaba!, pero cuanto antes debemos ubicarnos y pasar a la acción para ocuparnos de cambiar nuestra visión victimista y derrotista por otra más útil.
  • Aceptar que no somos los únicos a los que les suceden “cosas”. No somos ningunos desgraciados. A todos nosotros nos suceden cosas en la vida agradables y desagradables. Todos tenemos que asumir pérdidas y ganancias. La vida no nos castiga, el mundo no es cruel, ni somos los únicos que sufrimos. Simplemente somos uno más. ¡Despierta, no te creas este discurso!
  • Adoptar una actitud resiliente. Es cierto, a veces tenemos que hacer frente a situaciones tremendamente dolorosas pero no nos queda otra más que continuar viviendo. ¿O acaso lamentarnos mientras la vida pasa delante de nosotros es una opción? ¡En absoluto! Asumamos una acitud proactiva para superar las dificultades de la manera más airosa posible y, si es posible, obtengamos un aprendizaje de aquello desagradable o doloroso que nos ha sucedido.

Renuncia al victimismo, tu salud mental te lo agradecerá. ¡Hazlo por ti y por todos tus compañeros! Lo más importante es tener claro que, como dijo Buda, el dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional. 🙂